jueves, 30 de abril de 2015

‘Peter, Mohamed y otros niños que no juegan a la PSP’

Hay una cifra que se repite una y otra vez y que no hay manera de cotejar: en Addis Abeba hay 60.000 niños de la calle. Lo que sí se pude comprobar en cualquier paseo por la ciudad es que son muchos los chavales –algunos casi aprendiendo a andar se te abrazan a las piernas– que te salen al paso, para pedirte dinero o comida, para venderte algo o simplemente para ofrecerte conversación. O para todo a la vez. En ¿Dónde está mi perro?, la película que rodó en Addis Abeba Miguel Llansó con Yohanes Feleke, los niños que se ofrecen para encontrar al perro pastor alemán que se extravió fantasean con lo que harán con la recompensa que creen que van a cobrar. Sentados en una colina sobre un barrio de chabolas, van pasando por delante de la cámara para contar lo que piensan hacer: ayudar a la madre enferma, hacerse limpiabotas, montar un quiosco en la calle. Uno de ellos suelta: "Yo quiero comprarme una PSP". La película es un ejercicio irónico en el que la realidad y el guión se confunden y te enredan.

Un domingo por la mañana me acerqué a ver la moderna iglesia de Medhane Alem, que pasa por ser el segundo templo más grande de África. Sus tres cúpulas verdes dominan una de las zonas que con más rapidez se están renovando en Addis. Camino por uno de los laterales de la iglesia, –por la noche vi acampados aquí a cientos de mendigos que se cubren solo con unos plásticos atados a la verja–, cuando se me acerca un chaval. Me dice que se llama Peter, así en inglés, y que tiene 13 años. Como la mayoría, comienza por preguntarme de dónde vengo, me dice algo sobre algún futbolista español y se ofrece para hacer de guía por la ciudad.

Esa misma tarde, tomando un zumo en una moderna cafetería de Bole con una amiga etíope que trabaja en una organización humanitaria, le conté la historia de Peter. Le pregunté si creía que había exagerado, si era otra más de las historias de niños desamparados, de buenos estudiantes que buscan un espónsor. Su respuesta me dejó un poco más intranquilo de lo que me quedé cuando me despedí de Peter y contemplé cómo su figura se iba diluyendo en el bullicio de la ciudad.

Es perfectamente posible que te haya contado la verdad. Sabes por experiencia que los niños que están en la calle se las ingenian para sacar unos birrs como sea, especialmente cuando se trata de vosotros, los faranyis. Pero muchas veces sus experiencias son todavía peores de lo que dicen. La realidad es muy dura y cuanto más daño nos hace más tendemos a creer que son historias irreales.

Peter vive con una hermana un año mayor que él. Se llama Almaz, que significa diamante. Son huérfanos desde hace dos años y no tienen más familia en Addis Abeba. Sabe que existen unos tíos, pero no los conocen. Él va a la escuela y piensa que no es mal estudiante. Ella ya lo dejó y se ocupa de los trabajos de casa, pero ahora está enferma. Peter no sabe la palabra en inglés, pero por el lugar que me indica entiendo que lo que tiene mal su hermana es el hígado. Muchos días se tiene que quedar en el hospital, me dice. Peter, con trece años, asumió la responsabilidad de hacerse cargo de su hermana mayor. Además de ir al colegio, trabaja para conseguir dinero para los dos.

Fuente: Carlos Agulló

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