jueves, 2 de abril de 2015

Distrito escolar único: ¿un camino hacia la igualdad?

El peso y la estructura de la actual escuela privada concertada es similar a la de la escuela privada del franquismo. La diferencia, que no es poca, es que esa escuela privada fundamentalista, de ideario, se paga con dinero público en un porcentaje muy alto, con cantidades a cargo de los usuarios para pagar los extras y disuadir a los "pobres"de que ese sea su sitio. Las servidumbres de esa financiación fueron en su origen, los criterios de selección del alumnado -ingresos, número de hermanos y proximidad-, la existencia de necesidades de escolarización y la no discriminación (centros de chicos y chicas). Estas servidumbres han ido aflojándose en estos veinte años de gobiernos conservadores hasta casi desaparecer. El último empujón se lo va a dar la consellera María José Català con el Distrito Único.


1.- La planificación escolar, hasta hace dos años en que comienza la marcha hacia el Distrito Único, se asentaba en el Distrito Escolar. Como criterios de selección, la proximidad residencial o laboral, número de hermanos en el centro, ingresos económicos y transparencia y control de los criterios por los Consejos Escolares. Esa proximidad garantizaba la integración del alumnado en su barrio, la participación de las AMPA en la gestión del centro -que también es un mandato constitucional (Constitución Española, art.27,4)-, la relación padres/profesores, la participación en actividades extraescolares, la colaboración de las familias en tareas como la entrega y recogida de compañeros de los hijos... No era necesario, en la mayoría de los casos, ni tiempo ni gastos de transporte, ni comedor obligado. La comunidad escolar, a través de los Consejos Escolares, controlaba el funcionamiento y la organización del centro, su estado y mantenimiento, la calidad del servicio educativo.
2.- La consellera Català, en una entrevista sobre el Distrito Único, califica esta realidad escolar tan cercana y útil para los vecinos de "barrera de Distrito", que obstaculiza la marcha hacia la igualdad, descalificación que no explica, porque es difícil de explicar hasta con publicidad pagada; y ofrece como solución el maravilloso y fantástico Distrito Único para la ciudad de Valencia, cuyo subtítulo real podría ser: "pide el centro que desees y el hada madrina te concederá alguno".
Lo sustancial de este bálsamo de Fierabrás está en la sustitución del Distrito Escolar -uno o varios barrios- como unidades de planificación y asignación de plazas escolares, por un Distrito Único para toda la ciudad.
El corolario de este nuevo ente escolar es, que la obligación legal de ofrecer a cada solicitante una plaza escolar en su zona de residencia se sustituye por la obligación de ofrecérsela en cualquier sitio de la ciudad, viva donde viva.
Las preguntas a este cuento de hadas sobre la igualdad se agolpan: ¿Cómo sabré cuáles son los centros mejores a solicitar? ¿Y si en esos centros maravillosos no hay plaza? ¿Me podrá tocar un centro menos bueno? ¿Si me toca un centro alejado de mi vivienda tendré que pagar el transporte escolar y el comedor? ¿Si tengo poca edad y mis padres no pueden pagar el comedor y el centro está muy lejos de mi domicilio mis padres tendrán que traerme y llevarme cuatro veces al día?
3.- Los poderes mágicos del Distrito Escolar Único no dan solución a ninguno de estos interrogantes. Habitualmente, se entiende por "mejor colegio" aquel que selecciona la familia a escolarizar, y si algún alumno problemático se cuela, se le recomienda que se cambie de centro o se le expulsa, para escolarizarlo de nuevo en un centro público.

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