El rapero Big Sean se ha convertido en el último orador de una universidad que se enfrenta a la censura de los estudiantes. Los alumnos de Princeton han pedido el boicot contra su discurso en una de las ceremonias de graduación que se repiten por todo Estados Unidos a lo largo de esta semana. Big Sean puede quedarse sin su oportunidad en Princeton como antes se cerraron las puertas de Brandeis a la activista somalí Ayaan Hirsi Ali, las de Rutgers a la ex secretaria de Estado Condoleezza Rice, rechazada por su papel en la guerra de Irak, y las de Smith College a la directora del Fondo Monetario Internacional, Christine Lagarde, por las políticas de la organización a las economías más pobres.
Tehila Wenger fue una de las estudiantes que protestó en el diario universitario The Daily Princetonian contra la elección de Big Sean. “Me sentí decepcionada por la decisión de Princeton y enfadada porque los dólares de mi matrícula patrocinen una actuación que como mínimo normaliza y como máximo celebra la misoginia y la homofobia”. Wenger denunció que el rapero retrata a las mujeres en sus canciones como “putas” y su importancia depende de si se han acostado o no con él, “como todas las mujeres de las que habla”.
El llamamiento al boicot de Big Sean en Princeton ha reabierto el debate sobre hasta qué punto los estudiantes pueden rechazar a un orador, sin pisar la raya que separa la censura de la libertad de expresión, y cuál es el papel que deben jugar las universidades. Éstas son las instituciones que marcan el ritmo intelectual del país, pero en los últimos años se han visto acusadas de ceder ante las exigencias de los estudiantes, limitando su exposición a opiniones opuestas.
Fuente: El País

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