Beatriz Elejabeitia, de 17 años, tiene estos días la cabeza en dos cosas: los exámenes finales de Bachillerato y la inminente Selectividad, y la preparación de la que espera será su nueva vida en Alemania a partir del otoño. Está casi decidida a estudiar Economía en Colonia. “Lo hago principalmente por el idioma. Quiero tenerlo perfecto. Y también me apetece salir y formarme fuera de España”, relata. La familia, que vive en Las Palmas de Gran Canaria, ha hecho un cálculo aproximado de los gastos de enviar a su hija a estudiar una carrera en Alemania: entre 600 y 700 euros mensuales. Es menos de lo que pagan ahora por su colegio, un centro privado alemán, y menos de lo que les costaría enviarla a la Península. “Amigos míos pagan 1.200 euros [anuales] solo por las tasas de Economía aquí, y ni siquiera es una universidad reputada”, señala.
La reciente subida de las tasas universitarias en España, la caída de las becas, la falta de oportunidades laborales de los jóvenes licenciados y las mayores facilidades para la movilidad dentro de Europa han contribuido a que cada vez más familias se planteen que sus hijos estudien fuera. No ya un curso con una beca Erasmus, sino una carrera completa. En muchos países ya sale más barato que mudarse de ciudad dentro de España. Charo, madre de una estudiante que emigró hace dos cursos a Bélgica para estudiar Medicina, no se lo creía cuando comparó precios: suponía la mitad que quedarse en Madrid viviendo en un colegio mayor.
En Alemania no se pagan tasas propiamente dichas. Lo único que se les pide a los estudiantes universitarios es que abonen lo que se conoce como “contribución semestral”, que ronda los 250 euros según la universidad y los servicios que incluye. Es decir, el curso sale por unos 500 euros, según el Servicio Alemán de Intercambio Académico (DAAD). Marc Reznicek, director del DAAD de Madrid, explica por qué muchas familias se interesan por las universidades alemanas: “En primer lugar, la calidad. Tienen buena fama por la orientación a la investigación y a la aplicación. También por el grado de empleabilidad después de los estudios. La economía fuerte y la inversión en ciencia e innovación son importantes, sobre todo cuando no se crean nuevas plazas en las universidades españolas”. Reznicek asegura que atienden muchas consultas sobre estudios en Alemania, aunque el pico máximo lo registraron en 2012. El número de estudiantes españoles en sus universidades ha aumentado un 60,3% entre 2008 y 2013, según datos de la oficina estadística federal.
Otra cosa es el coste de vida. El DAAD calcula que un estudiante necesita, de media, 670 euros al mes para pagar el alojamiento, la comida y otros gastos. Reznicek añade que el precio medio de una residencia está en 240 euros al mes, pero con bastante variedad regional. “Muchos estudiantes pagan una habitación en un piso compartido, que de media cuesta 298 euros al mes”, añade. En Francia, el CROUS ofrece residencias universitarias por 120 euros al mes en habitación individual y 350 euros mensuales en un estudio, explica Civadier. Y el Gobierno francés tiene becas de alojamiento (tanto para residencia como para piso compartido) que varían entre los 50 euros de una habitación en residencia hasta los 250 euros de un piso en París que cueste 600.
“Cada año recibimos más preguntas”, aseguran en la Embajada de Suecia. “Las familias se interesan sobre todo por la posibilidad de aprender dos lenguas a la vez, inglés y sueco”. Igual que en otros países nórdicos, como Dinamarca, las tasas universitarias son gratuitas para los alumnos europeos. Allí el mayor problema puede ser el alojamiento, tanto en residencia como en piso compartido. Y no hay ayudas: “Se estima que un estudiante necesita unos 800 o 900 euros mensuales para mantenerse en Suecia”, avisa Rosa López desde la Embajada.
Fuente: El País

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